sábado, 31 de enero de 2015

La rana que no sabía que estaba hervida...


Olivier Clerc, especialista en bienestar y desarrollo personal nacido en Ginebra y afincado hoy en Borgoña, escribió en el año 2005 un libro titulado “La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida”. Entre las historias que plantea, una lleva el título del libro. Y de eso se trata, ahora, parece ser que esta alegoría fue propuesta por primera vez en el libro de Marty Rubin “The boiled Frog Syndrome”, publicado en 1987.

viernes, 9 de enero de 2015

EL VENDEDOR DE GLOBOS - CUENTO




Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria del pueblo.
 El pueblo era pequeño y el vendedor había llegado pocos días atrás, por lo tanto no era una persona conocida. 
En pocos días la gente se dio cuenta de que era un excelente vendedor ya que usaba una técnica muy singular que lograba captar la atención de niños y grandes.
 En un momento soltó un globo rojo y toda la gente, especialmente los potenciales, pequeños clientes, miraron como el globo remontaba vuelo hacia el cielo. Luego soltó un globo azul, después uno verde, después uno amarillo, uno blanco… todos ellos remontaron vuelo al igual que el globo rojo.

 El niño negro, sin embargo, miraba fijamente sin desviar su atención,
 un globo negro que aún sostenía el vendedor en su mano. 

Finalmente decidió acercarse y le preguntó al vendedor: 

– Señor, si soltara usted el globo negro. ¿Subiría tan alto como los demás? 

El vendedor sonrió comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: 

– No es el color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay adentro.

Cuento Anónimo

martes, 30 de diciembre de 2014

"Esto también pasará" Cuento

"Esto también pasará"


Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.


Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...


Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:


Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARA”.
Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:


-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

viernes, 12 de diciembre de 2014

LA NAVIDAD - ROSA MONTERO


Por las fechas navideñas procuro pasar de puntillas. A mí me huelen un poco a hipocresía, aunque de buen corazón. Me encantaría que el espíritu navideño, ese que nace en unos grandes almacenes en el mes de noviembre y muere con la tarjeta de crédito, durara todo el año. Porque el amor, la felicidad, los buenos sentimientos, deberían vivir siempre entre nosotros. Porque potenciarlos debería  ser lo natural y no lo extraordinario. Por los que faltan, que dejan una silla vacía en la cena de Nochebuena  y muchos corazones huecos el resto del año. Por todo eso, paso de puntillas por estos días y proclamo un espíritu navideño mucho más duradero, con pilas de esas que siguen y siguen…
Si te gusta la Navidad, te deseo que la disfrutes como un niño. Si, por el contrario, como yo, la miras de reojo, te deseo que, al menos, te traiga buenos momentos. Podemos buscar en ella sus bondades, que también las tiene y olvidarnos de sus miserias.
A todos: ¡Que vuestros sueños se cumplan!

 

domingo, 23 de noviembre de 2014

EL MISTERIO DE LA VIDA - PePe ARIAS



EL MISTERIO DE LA VIDA

Poema
 
 
No hay cosas para mirar
ojos que no quieren ver
Aunque las puedan mirar
ellos no las van a ver
Pájaro ciego no ve
por mas que quiera mirar
aunque sí pueda volar
Cuántos años tiene un mes
cuántas semanas un día
cuántas frutas tú recoges
de una sola semilla
Todos podemos contar
cuántas semillas contiene
el corazón de una fruta
pero nadie a ciencia cierta
podrá saber cuántas frutas
encierra una semilla
Toda la ciencia del hombre
matemática incluida
no tiene aún la respuesta
al misterio de la vida

PePe ARIAS (José de Arias Martínez)

viernes, 10 de octubre de 2014

Parábola del amor

Parábola del amor

"Te moldearé", le dijo el hacha al pedazo de hierro mientras descendía con toda su fuerza sobre uno de sus costados.
Pero a cada golpe que le daba iba perdiendo su filo, hasta que después de un rato aquella herramienta no pudo más, había quedado completamente obtusa.
"Déjenmelo a mí", repuso el serrucho mientras clavaba sus dientes en el pedazo de hierro, los cuales fueron desapareciendo uno por uno.
"Yo me encargaré de modelarlo", profirió con arrogancia el martillo, mientras se burlaba de sus compañeros que habían fracasado.  Pero después de varios golpes se le quebró el mango y se le desprendió la cabeza.
"¿Me permiten probar?, inquirió humildemente una pequeña llama. Los tres se rieron a carcajadas, pero se lo permitieron porque estaban convencidos de que también iba a fracasar. Sin embargo, aquella llamita cubrió el pedazo de hierro; no se desprendió de él, lo abrazó y lo abrazó hasta volverlo blando y darle la figura que quería.
Aquella pequeña llama logró lo que las otras tres poderosas herramientas no pudieron alcanzar. Así es el amor.
Hay en el mundo corazones tan duros que pueden resistir los hachazos de la ira, los dientes del encono, y los golpes de orgullo y del rechazo, pero por más severo que sea el corazón de la persona, no podrá resistir los embates del amor; porque el amor es la fuerza más poderosa de este mundo.
*Desconozco el autor*

jueves, 9 de octubre de 2014