martes, 1 de marzo de 2011

EL PORTATIL EN CASA - VODAFONE - CONSEJOS PARA USOS SALUDABLES


El uso de dispositivos móviles para ocio o trabajo puede aportarte grandes beneficios siempre que adoptes hábitos saludables al utilizarlos, como una postura correcta, descansos regulares y un correcto ajuste del equipo.
Siempre que te sea posible, es aconsejable:
√ Si usas el portátil en el sofá:
• Hacer descansos más frecuentes porque no es la mejor postura para la espalda.
• Procurar tener la espalda erguida y apoyada sobre un cojín.
√ Para aliviar la tensión muscular de las cervicales:
• Utilizar una silla que te permita tener la espalda recta formando
90 grados con los muslos.
• Relajar el cuello y mantenerlo alineado con la espalda.
• Situar la parte superior de la pantalla a la altura de los ojos.
√ Para aliviar la tensión muscular de los brazos:
• Utilizar un teclado y un ratón independientes.
• Mantener los brazos y antebrazos formando 90 grados.
√ Para aliviar la tensión en la vista:
• Orientar tu puesto para que no tengas reflejos o deslumbramientos.
• Parpadear más frecuentemente para mantener los ojos hidratados.

Más información en : http://bit.ly/RCUsosaludable

domingo, 27 de febrero de 2011

LA ENVIDIA - UNO DE LOS 7 PECADOS CAPITALES

http://www.monossabios.com/images/La%20envidia%20del%20dr%20Jose%20Ingenieros.jpg

Cuando estamos enfermos envidiamos a los que rebosan salud, cuando nuestra pareja hace aguas nos fijamos en las que funcionan como el primer día y cuando padecemos problemas económicos envidiamos los que nadan en la abundancia. Y cuando envejecemos a los jóvenes y cuando estamos tristes a los que llevan la sonrisa hasta en el DNI.

En fin.... tendemos a valorar en los demás aquello que a nosotros nos falta, pero casi nunca nos ponemos a pensar en todo lo que tenemos.

Ser realistas y confeccionar mentalmente un cuadro-diagnóstico certero de nuestra situación puede ayudarnos a no convertirnos en víctimas del catatrofismo o de la euforia. El bienestar emocional consiste en el equilibrio al que conduce conocer y asumir con serenidad y buen humor lo que somos (y tenemos) y lo que aspiramos a ser (y tener). La envidia más perniciosa es la que sentimos del hermano, del amigo, del compañero de estudios o de trabajo, y del vecino de al lado, no la que nos genera el éxito, el modus vivendi y el reconocimiento social de la modelo o artista de cine, el arquitecto, la empresaria, el futbolista o el intelectual.

Y ello porque sabemos que quien tenemos cerca no es forzosamente más listo ni mejor profesional que nosotros, simplemente ha aprovechado mejor sus oportunidades. No se trata de ser conformistas y abandonar cualquier planteamiento ambicioso, sino de ser consecuentes y elaborar una valoración global sobre lo que somos y lo que aspiramos a ser. Y todo ello no con base en comparaciones, sino partiendo de nuestras propias percepciones, sentimientos y perspectivas de futuro.

Lo peor de la envidia es que se acompaña de una frustrante impresión de que la vida pasa sin vivirla, inmersa en la monotonía o en un devenir insatisfactorio carente de retos atractivos. Vemos a otras personas felices y ello acentúa la negativa percepción de nuestra vida y de nosotros mismos. Es frecuente que esta disposición de ánimo nos conduzca a evitar los contactos sociales, nos acerque al fracaso y produzca esa inseguridad tan característica que disfrazamos de apatía, conformismo y negatividad.

La referencia no debe ser el éxito ajeno, sino nuestra propia capacidad de progresar en lo personal y en lo material

La inteligencia emocional deviene imprescindible para acertar en el diagnóstico de nuestra situación en la vida y para dar con el paquete de medidas que nos ayude a superar el estadio de la envidia y a articular las estrategias que nos acerquen a las metas previstas. Mirar al exterior y compararnos con quienes admiramos o envidiamos puede ser un buen estímulo ('¿por qué yo no puedo hacerlo?') siempre que lo hagamos positivamente (no con un espíritu de simple emulación) extrayendo del éxito ajeno conclusiones adaptables a nuestra manera de ser, nuestras capacidades y nuestras circunstancias personales.

Harry Stack Sullivan definió la envidia como 'un sentimiento de aguda incomodidad, determinada por el descubrimiento de que otro posee algo que nosotros creemos que deberíamos tener'. El discurso del envidioso es repetitivo, monocorde y compulsivo respecto de lo que envidia y de con quién compite.

Pendiente de lo que tienen los demás, evita reconocer lo que tiene y nada o poco hace para sacarle partido. Su vida no gira sobre su realidad, sino sobre lo que desea conseguir y , en definitiva, sobre lo que echa en falta. La insatisfacción, la frustración y la rabia, le dominan y hacen que su vida le resulte poco grata.

¿Tiene efectos secundarios la envidia?

• La envidia aguda puede crear ansiedad, trastornos del apetito y del sueño y diversas alteraciones.

• Incide también en la actitud hacia la vida, moldeando unas formas de estar en relación con los otros que van desde convertirse en eterna víctima hasta la adopción de una postura defensiva que se traduce en modos irónicos, altaneros, fríos y distantes e incluso de menosprecio hacia los demás...

• Los afectados colocan al objeto de sus envidias en una posición de superioridad, a una distancia inalcanzable y sufren impotencia, desánimo y complejo de inferioridad, junto con sentimientos de rabia e ira, que le mantendrán dependiente de la persona con quien compiten.

• En ocasiones, la envidia no se manifiesta hacia personas de nuestro entorno ni siquiera hacia individuos concretos que conocemos por los medios de comunicación, sino hacia estereotipos creados por la publicidad, la moda, el cine, las series de TV....

• La estima social que merecen estos héroes de la ficción provoca la envidia de quienes no sienten poco valorados, que pierden su capacidad de análisis y de darse cuenta de que no envidian las virtudes o capacidades de ese modelo de persona sino el reconocimiento social y los honores que reciben.

• Conocernos bien, potenciar y trabajar nuestras cualidades y ser conscientes de nuestras limitaciones es el mejor inicio para progresar. Una actuación exclusivamente competitiva genera una dependencia unidireccional hacia la persona envidiada. El envidioso se guarda muy bien, Incluso en su fuero interno, de reconocer que padece envidia.

Pocas cosas hieren y descalifican más que decirle a alguien: 'Tú lo que tienes es envidia'. pero, ¿por qué niega siempre el envidioso su envidia?. Porque denota un sentimiento de inferioridad que no admite, porque se siente incapaz de reconocer unas limitaciones que interpreta como signos de debilidad, porque no puede aceptar que su infelicidad no se debe a todo aquello de lo que carece sino a que no sabe valorar lo que tiene, y porque, pendiente de la vida de los demás no deja un resquicio para asumir la suya propia, con la que no quiere comprometerse por no asumir sus responsabilidades.

Pero no criminalicemos al envidioso 'pata negra'. En el fondo, casi todos sentimos envidia de algo o alguien en algún momento de nuestra vida. Es esa especie de sufrimiento (normalmente, secreto) que nos produce el éxito ajeno. Debemos aceptar la envidia como un sentimiento humano más, que sólo nos ha de preocupar cuando deriva en patología y perjudica nuestro equilibrio emocional. En casos extremos de sufrimiento, de celos patológicos, conviene acudir a un psicólogo.

Combatir la envidia leve,

Lo mejor para hacer frente a la envidia es no vivir pendientes de lo que no tenemos. Practiquemos la contemplación en su sentido más profundo, el deleite por lo que se tiene, el redescubrimiento gozoso de lo que nos rodea: las personas que queremos, la fauna y la flora, los paisajes, los pequeños objetos entrañables o los que nos hacen más cómoda la vida. También podemos convencernos de que, normalmente, nada perdemos cuando a otros les van magníficamente las cosas. O darnos cuenta de que compararse con los demás casi siempre resulta estéril. Nuestro mejor punto de referencia somos nosotros mismos. Establezcamos metas en función de nuestras posibilidades, no de lo que otros han conseguido. Podemos considerar que hemos superado la envidia cuando nos alegramos del éxito o la buena suerte de los demás.

Para prevenir la envidia, es bueno:
• Estimular la empatía, la capacidad de ponernos en lugar del otro.

• Favorecer la confianza en uno mismo y en los demás, desarrollando expectativas y modelos positivos sobre las relaciones sociales.

• Establecer en la infancia relaciones correctas y equilibradas con los demás niños .

• Relativizar las diferencias sociales y adquirir habilidades para elegir adecuadamente con quién, cómo y cuándo compararse.

• Valorar correctamente nuestra capacidad, sin infravalorarnos ni sobrevalorarnos.

• Colaborar (tanto dar a los demás como solicitar ayuda), es un buen medio para dotarnos de la pericia que requiere resolver los conflictos que causan envidia.

• Acostumbrarse a centrar la atención en los aspectos más positivos de la realidad, no siempre en los negativos.

• Relativizar el éxito propio. Y, si es posible, tomarlo incluso un poco en broma.

• Interpretar nuestro progreso personal mediante la comparación con nuestras competencias y habilidades, no con las de otros.


Como la avaricia, la envidia (en latín, invidia) se caracteriza por un deseo insaciable, sin embargo, difieren por dos grandes razones: Primero, la avaricia está más asociada con bienes materiales, mientras que la envidia puede ser más general; segundo, aquellos que cometen el pecado de la envidia desean algo que alguien más tiene, y que perciben que a ellos les hace falta, y a consiguiente desear el mal al prójimo, y sentirse bien con el mal ajeno. Dante Alighieri define esto como «amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos». En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

Fuente: http://revista.consumer.es

http://www.vidapositiva.com/

martes, 22 de febrero de 2011

LA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE - ALEJANDRO DOLINA

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LA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE

 
La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.

En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y  establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en  6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos....."
Quizá se supriman algunos... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.

¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.

Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!

El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan:  Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.

Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.

"Aprenda a tocar la flauta en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida".
"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje".


http://www.valhala.com.ar/imagenes/Dolina.jpg

ALEJANDRO DOLINA

( Gracias a mi amiga Joaqui que envió este mail 
al grupo "Los pps. de todos) y yo lo transcribo aquí porque 
admiro mucho a Dolina . 

martes, 15 de febrero de 2011

EXPRESANDO EL AMOR

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EXPRESANDO EL AMOR 

¿No es verdad que a veces somos 
tímidos para expresar el amor que 
sentimos? 
¿Puede ser que por no "avergonzar" 
a la otra persona o por no avergon- 
zarnos a nosotros mismos dudamos en decir : "TE QUIERO" y tratamos de decirlo con otras frases como "CUIDATE"..."NO MANEJES RAPIDO" 
"PORTATE BIEN"...Acaso no son dife- 
rentes formas de decir "TE QUIERO, 
eres importante para mí"... o "Me im- 
portas, no quiero que estés mal? 

A veces -en verdad- somos extraños: 
la única cosa que queremos decir, es la única cosa que no decimos. Y, muchas veces no lo comunicamos del todo y la otra persona se siente ignorada y no querida. 

Por esto, debemos ESCUCHAR AL AMOR en las palabras que las otras personas nos dicen. 
Las palabras explícitas son necesarias, pero con frecuencia, la manera de decir las cosas es aun mas importante. 

Un apodo dicho cariñosamente porta mayor afecto y amor que los sentimientos que son expresados de manera poco sincera. 
Un abrazo o un beso impulsivos dicen: 
2TE AMO", aun cuando las palabras digan algo diferente. 
Cualquier expresión de preocupación de una persona por otra dice : 
"TE QUIERO". 

El problema de escuchar al amor es que no siempre entendemos el lenguaje de amor que la otra persona está usando. 
Lo cierto es que rara vez escuchamos; oímos las palabras, pero no escuchamos las acciones que acompañan esas palabras o en las expresiones del rostro. 
Normalmente solo escuchamos el rechazo o el malentendido. 
No vemos el amor que esta alli, debajo de la superficie aun cuando las palabras sean amargas. 
"Si escuchamos atentamente, nos daremos cuenta que somos mas amados de lo que pensamos". 

Desconosco el autor.

viernes, 14 de enero de 2011

PELEA ENTRE DOS LOBOS -




Un viejo cacique de una tribu india de Norteamérica estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida, y les decía:
"¡Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí!… ¡Es entre dos lobos...!"
Los nietos miraban asombrados y atentos a las lentas explicaciones, así como los gestos y actitudes de su abuelo.
"Uno de los lobos -(les dijo)- corresponde a la maldad, el temor, la ira, la envidia, el dolor, el rencor, la avaricia, la arrogancia, la culpa, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, la competencia, el afán de superioridad, el orgullo y la egolatría.
El otro es la Bondad, la Alegría, la Paz, el Amor, la Esperanza, la Serenidad, la Humildad, la Dulzura, la Generosidad, la Benevolencia, la Amistad, la Fe, la Compasión y la Verdad."
Después de haberles dejado pensar en las imágenes que les había trasladado, les dijo:
"Esta misma pelea está ocurriendo también dentro de vosotros, ahora mismo, y dentro de todos los seres de la tierra".
Los nietos se quedaron pensando un rato y entonces uno de los niños le preguntó a su abuelo:
"¿Y cuál de los lobos crees que ganará?"
El viejo cacique respondió, lacónicamente…
"El que tú alimentes."

(No conozco el autor, este texto lo copié tal cual de un mail que me envió mi amiga Paty de México, gracias querida amiga)



viernes, 31 de diciembre de 2010

CERRANDO CÍRCULOS Paulo Coelho










 CERRANDO CÍRCULOS 

Paulo Coelho 

Siempre es preciso saber
cuándo se acaba una
etapa de la vida.
Si insistes en permanecer en ella,
más allá del tiempo necesario,
pierdes la alegría y
el sentido del resto.
Cerrando círculos,
o cerrando puertas,
o cerrando capítulos.
Como quiera llamarlo,
lo importante es poder cerrarlos,
dejar ir momentos de la vida que
se van clausurando.
¿Terminó con su trabajo?
¿Se acabó la relación?
¿Ya no vive más en esa casa?
¿Debe irse de viaje?
¿La amistad se acabó?
Puede pasarse mucho tiempo
de su presente "revolcándose"
en los porqué, en devolver el casete
y tratar de entender
por qué sucedió
tal o cual hecho.
El desgaste va a ser infinito
porque en la vida,
usted, yo, su amigo, sus hijos,
sus hermanas,
todos y todas estamos abocados
a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja,
a terminar con etapas
o con momentos de la vida
y seguir adelante.
No podemos estar en el presente
añorando el pasado.
Ni siquiera preguntándonos por qué.
Lo que sucedió, sucedió y hay que soltar,
hay que desprenderse.
No podemos ser niños
eternos, ni adolescentes tardíos,
ni empleados
de empresas inexistentes,
ni tener vínculos
con quien no quiere
estar vinculado a nosotros.
No. ¡Los hechos pasan y
hay que dejarlos ir!
Por eso a veces es tan
importante destruir
recuerdos, regalar presentes,
cambiar de casa,
romper papeles, tirar documentos,
vender o regalar libros.
Los cambios externos
pueden simbolizar
procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega
con las cartas marcadas
y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja,
hay que vivir sólo lo que
tenemos en el presente.
El pasado ya pasó.
No esperen que le devuelvan,
no espere que le reconozcan,
no espere que alguna vez se den
cuenta de quién es usted.
Suelte el resentimiento,
el prender "su televisor personal"
para darle y darle al asunto, lo único
que consigue es dañarlo mentalmente,
envenenarlo, amargarlo.
La vida está para adelante,
nunca para atrás. Porque si usted anda
por la vida dejando "puertas abiertas",
por si acaso, nunca podrá desprenderse
ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no clausuran,
posibilidades de "regresar" (a qué?),
necesidad de aclaraciones,
palabras que no se dijeron,
silencios que lo invadieron ...
¡Si puede enfrentarlos ya y ahora,
hágalo! Si no, déjelo ir, cierre capítulos.
Dígase a usted mismo que no,
que no vuelve.
Pero no por orgullo ni soberbia,
sino porque usted ya no encaja allí,
en ese lugar,
en ese corazón, en esa habitación,
en esa casa,
en ese escritorio, en ese oficio.
Usted ya no es el mismo que se fue,
hace dos días, hace tres meses,
hace un año,
por lo tanto, no hay nada a qué volver.
Cierre la puerta, pase la hoja,
cierre el círculo.
Ni usted será el mismo,
ni el entorno al que regresa
será igual, porque en la vida
nada se queda quieto,
nada es estático.
Es salud mental, amor por usted mismo
desprender lo que ya no está en su vida.
Recuerde que nada
ni nadie es indispensable.
Ni una persona, ni un lugar,
ni un trabajo,
nada es vital para vivir porque cuando
usted vino a este mundo
'llegó' sin ese adhesivo,
por lo tanto es "costumbre"
vivir pegado a él
y es un trabajo personal
aprender a vivir sin él,
sin el adhesivo humano o físico
que hoy le duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a
desprenderse y, humanamente,
se puede lograr porque,
le repito, nada ni nadie nos
es indispensable.
Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero... cierre, clausure,
limpie, tire, oxigene, despréndase,
sacuda, suelte.
Hay tantas palabras para significar
salud mental
y cualquiera que sea la que escoja,
le ayudará definitivamente a seguir
para adelante con tranquilidad.
¡Esa es la vida!

FELIZ AÑO 2011 !!!!!!!

 Este texto lo copié tal cual estaba de un mail que me envió
mi querida amiga:
Paty de Mexico D. F, Gracias amiga

domingo, 12 de diciembre de 2010

CARTA A PAPÁ NOEL

http://www.treyma.com/WebRoot/StoreES2/Shops/ea9515/MediaGallery/carta_papa_noel.gif
Querido Papá Noel:

Te escribo esta carta con un lápiz rojo de mi hijo, en el dorso de un recibo, sentada al lado de la lavadora entre un lavado y otro, y quien sabe cuando volveré a 
tener un poco de tiempo libre en los próximos 18 años. He sido una buena madre durante todo el año. 
He alimentado, lavado y cuidado a mis hijos cada vez que lo han necesitado. He visitado al pediatra muchas más veces de lo que he visitado a mi propio médico. He vendido sesenta y dos rifas de futbol de mi hijo…..
Pensaba que quizás, visto que no te he pedido nunca nada, esta Navidad podrías traerme algunas cositas. Aquí tienes mis deseos:
Me gustarían una barriga plana , de esas de las artistas de hollywood, unos brazos que no dolieran y fueran lo suficientemente fuertes como para apartar a mi hijo del estante de las golosinas, mientras hace una rabieta en medio del supermercado. 
También quisiera una cintura, ya que en algún lado perdí la que tenía, hacia el séptimo mes de mi último embarazo.
También me gustarían unas ventanas resistentes a las huellas, una emisora de radio que sólo ponga noticias para adultos, y saber qué pasa en el mundo, así como, una televisión que no contenga solo programas de animales que hablan, y un rinconcito secreto detrás de la nevera donde poderme esconder para hablar por teléfono. 
En el aspecto práctico, quisiera una muñeca que hable y diga, “Sí, Mamá” para ayudarme en mi autoestima como madre, junto con dos niños que no peleen, y tres pares de vaqueros que se abrochen sin necesidad de tanta fuerza. 
También me gustaría una voz nueva, ya que mi voz parece estar fuera del alcance auditivo de mis hijos y puede ser escuchada solo por los
peces y los vecinos.
Sería maravilloso si hicieras que mis hijos ayudaran en casa sin necesidad de pedir dinero a cambio. 
Si fuera tarde para encontrar todo esto, quisiera al menos el tiempo suficiente para cepillarme los dientes y peinarme decentemente, (todo en la misma mañana), o el lujo de sentarme y comer la comida caliente, no a temperatura ambiente, sin que tenga que comerla antes o despues de que mi familia cene. 
Me gustaría experimentar, qué se siente durmiendo una noche entera 
de un tirón, sin interrupciones de ninguna clase….
Bueno, Papá Noel, la alarma de la secadora me indica que ha terminado su ciclo y mi hijo se ha dado cuenta que estoy aquí encerrada. Creo que quiere que le devuelva su lápiz. Que tengas un buen viaje y recuerda sacarte tus húmedas botas antes de entrar. 
Puedes comerte las galletas que te dejamos en la mesa, pero cuidado con echar migas a la alfombra.
Con cariño….. MAMA!!
P
.D: Ah!… otra cosa, puedes anular todos mis deseos con tal de que hagas que mis hijos crezcan felices, sanos y se conviertan en personas de bien.
Desconosco el autor - ( El texto es de un mail que recibí de un amigo)